martes, 5 de julio de 2011

Pasión por la música sinfónica

 Medardo Caisabanda Cholota
Desde el punto de vista humano, toda sociedad como derecho de manifestación tiene una alternativa de actividades culturales entre ellos puede ser la danza, poesía, ballet música etc.
Ancestralmente la cultura ecuatoriana tiene una riqueza inconmensurable en las manifestaciones artísticas, si tomamos en cuenta que todas ellas formaban parte de su identidad más aun tomando en cuenta el medio geográfico.
En el mundo moderno las manifestaciones artísticas se han ido “racionalizando”, o tecnificando y buscando el mayor potencial tanto en lo administrativo como en lo humano”.
En ese contexto toda ciudad busca una manifestación hacia un conglomerado, hacia un público (parte esencial de una manifestación artística, religiosa, política), Desgraciadamente un estado se demora en pragmatizar una política o una relación directa entre actor y público,
El Maestro Medardo Caisabanda Cholota, Director Titular de la Orquesta Sinfónica de Cuenca, quien ha realizado estudios superiores en Conservatorio Nacional de Lyon-Francia, donde obtiene los diplomas en Flauta Traversa, Música de Cámara y Dirección Coral.  Estudió además Dirección de Orquesta Sinfónica en el Conservatorio Estatal Tchaikovsky de Kiev-Ucrania, siendo alumno destacado de los eminentes maestros Isaac R. Koffman y Oleg M. Riabov, manifiesta  que al no existir este pragmatismo o relación directa, el ser humano busca desesperadamente la mecánica, el camino, el recurso de3 crear manifestaciones desde su propia iniciativa, lo cual conduce a resultados positivos o simplemente a “no resultados”.  Es este último detalle la constante en el 95% de la geografía ecuatoriana.
Adicionalmente, como buenos estados resultados de una conquista europea, heredamos, o nos hicieron creer que debíamos imitar los principios, las actitudes, las culturas del viejo continente;   es así como resultado de esta herencia histórica más un realismo natural, nos llevan a crear instituciones de formación o de difusión de “música culta”.
Estas dos breves razones, más la ausencia frontal del estado en la conducción de una política de cultura, lleva al ser humano interesado por el arte a: crear,  inventar, reemplazar  improvisar y comercializar actividades intrínsecas del arte como es el concierto el espectáculo, el show, etc.
En ese contexto aparecen las primeras escuelas o conservatorios destinados a imitar y sobrevalorar la única asignatura que justifica su creación: La Música Europea; y al pasar los años evidentemente por la inercia de los tiempos el proceso debía seguir recreando la imagen del viejo continente, se crean entonces agrupaciones musicales que son evaluarte de la identidad  de la cultura académica: La Orquesta Sinfónica.
Acota que, el desarrollo y evolución de la Orquesta Sinfónica desde su copia en el Ecuador (60-70 años), no han sido tan evidentes, esto debido precisamente a los antecedentes citados más una falta de identidad sinfónica relacionados al medio.
Como si fuera poco, señala, este estado de conquista y adopción de un modelo europeo generó en la consciencia general también un prejuicio venido de la vieja bohemia (Región Eslovaca), la ausencia o categoría de profesión de la actividad musical.  El estado, la sociedad misma, peor aún, el ciudadano jamás valorizó la actividad artística musical como una verdadera profesión –abogado, arquitecto, médico, ingeniero, etc., etc.
La antropología ha demostrado al mundo entero que la riqueza, el talento natural del poblador de este continente hacia las artes, es inconmensurable.
En consecuencia países “en vías de desarrollo” como el Ecuador, al no adoptar una política de ordenamiento social y administrativo económico del arte, ha tenido que sobrevivir en base a actividades supuestamente fáciles como la música popular o académica.
Si por cosas de la historia, luego de la fundación de la primera orquesta sinfónica, hace 70 años, nos encontramos en el espejo cultural, nos daremos cuenta que hemos vivido un periodo lleno de conflictos, intereses, conveniencias etc., llenos de conformismos.  En este contexto, tanto la formación académica como el deseo de convertir en actividad profesional a la música, nos ha llevado a las actividades anteriormente citadas.
Aplicando toda esta realidad al medio ecuatoriano, veremos que las actividades de formación y de difusión adolecen de una falta de realismo del medio, de una integralidad académica, de un copismo extranjerizante, de un afán comercial entre otras, lo que da lugar a una simple actividad de supervivencia.  Todo cuanto se haga por mejorar la actividad musical se topará con severos obstáculos de toda índole, incomodidades sociales, académicas, económicas y prejuicios de públicos.
Adicionalmente, indica que,  siendo Cuenca una ciudad, una suma de diversos públicos, algunos segmentos de ellos desconocedores del academicismo, el deber de las instituciones formativas y de difusión, es la de educar difundir, crear, recrear todos los géneros musicales ajenos a prejuicios o juicios de valor que nos han sido insistentemente inculcados.
No debemos dejar de lado la extremada importancia de los medios de comunicación que al difundir las riquezas musicales coadyuvan al conocimiento de su propia historia.
En resumen, las actividades musicales que una ciudad creciente como Cuenca puede tener en el plano académico han estado y están sujetas a las características citadas.  Si bien la población de la provincia es 650.000 y la de la ciudad es 45.000 y posee diversidad de públicos, la actividad que haga un conservatorio, una orquesta sinfónica y diversas agrupaciones musicales, para poder cubrir toda esta población con difusión musical se requerirá al manos de 8 a diez años de actividad continua.
Si bien el público va en aumento en los diversos eventos académicos, no es menos cierto que otros géneros musicales de menos valor tienen mayor respuesta, esto debido a la influencia de los medios, comercial y protagonismo popular.
Concluye indicando que, pese a estos factores limitantes y la ausencia de apoyo estatal, es interesante constatar la existencia de  instituciones o personas que de una u otra forma van dejando una herencia y un legado histórico.  El mismo hecho de crear un conservatorio, una orquesta sinfónica y otras instituciones afines, demuestra el interés y la pasión por el arte tanto de la sociedad como de los protagonistas de la cultura musical.   La espiral evolutiva que se siente en los últimos años a través de una actividad cada vez más creciente de la Orquesta Sinfónica de Cuenca, del FROM-A, del mismo Conservatorio de Música José María Rodríguez,  grupo de Cámara de la Universidad de Cuenca, es definitivamente evidente, dándole a la ciudad una característica y una connotación de protagonismo a nivel nacional, prueba de que los factores adversos sirven también de motivación para evidenciar una evolución.
El arte en sí es un derecho de todo ser humano y una obligación del estado en desarrollar sus potencialidades;  entiéndase estado a todas las instituciones que manejan la actividad del ser humano.  Sin el arte, un país es considerado como un estado extremadamente subdesarrollado -Principio elemental de la UNESCO-.

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